El mito de que los españoles duermen mucho porque echan la cabezadita después de comer o hacen la siesta se viene abajo en comparación con la media europea. El caso es que según los datos aportados por ARHOE en la cuarta edición del Congreso Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, éstos duermen unos 53 minutos menos que la media del resto de Europa, donde los horarios son más acordes con el biológico.

Según los datos que ha aportado ARHOE, la Asociación Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, los españoles soportan unos horarios diarios que les hacen levantarse a las 7 de la mañana y acostarse cerca de la una de la madrugada, dejando para el sueño una media de seis horas de sueño, cuando la europea ronda las siete, ya que madrugan lo mismo, pero los horarios laborales que finalizan a las 17.00 horas como máximo permiten que se adelante la cena y el ocio y por tanto, la hora de acostarse.


Los problemas que acarrea dormir menos

Pero además el mal uso del tiempo no sólo deriva en que el 50% de los problemas de salud de los españoles y su escasa calidad vida se unan a la mengua de la productividad económica ya que más horas de trabajo no significa mayor productividad, pese a la creencia generalizada del país, según ARHOE, que aboga por europeizar los horarios laborales para compatibilizarlos con los escolares, mejorar la calidad del sueño y con ello la de vida y así ganar en productividad laboral y competitividad económica.

Y por otra parte, un estudio de la Universidad Case Western de Cleveland, en Estados Unidos, publicado en la revista Sleep, refrenda la idea de los perjuicios que implica dormir de menos ya que según sus conclusiones, los adolescentes que duermen menos de ocho horas consumen un mayor número de alimentos ricos en grasas y snacks, además de que la falta de sueño continuada afecta al metabolismo, provoca estrés y reduce la energía y las ganas de practicar ejercicio, lo que en conjunto lleva al sobrepeso.

No se trata pues de una mera anécdota que los españoles duerman más o menos que el resto de los europeos, sino que queda patente que los horarios desligados de los ritmos biológicos y de luz afectan de forma negativa a la calidad de vida, la salud, la capacidad de disfrute y el rendimiento profesional o académicos y ello impacta, en último lugar en la macroeconomía del país. Vale pues la pena replantearse el sistema para empezar a ganar en todos los ámbitos.

Dormir la siesta permite al cerebro continuar aprendiendo

El profesor de la Universidad de Berkeley, en Estados Unidos, Matthew Walker han confirmado lo que los españoles saben desde hace cientos de años, que la siesta es beneficiosa no sólo para el cuerpo si no también para la mente, ya que con una hora de sueño a mediodía se consigue despejar la mente y mejorar la capacidad de aprendizaje posterior. Realmente actúa como una limpieza de la memoria a corto plazo que deja espacio libre para los conocimientos nuevos.

Para corroborar la hipótesis, el profesor de psicología Walker tomó como muestra a 39 personas sanas a los que dividió en dos grupos, quienes dormían un pequeño sueño a lo largo del día y quienes no lo hacían y les sometió a diversas pruebas de aprendizaje con el fin de probar los cambios que se producen en el hipocampo, la zona cerebral donde se almacenan los acontecimientos. En la primera prueba realizada antes de la hora de la comida, los resultados fueron muy similares, pero en la siguiente, realizada después del almuerzo de algunos y el almuerzo y siesta de otros, las diferencias fueron significativas ya que quienes no habían descansado presentaban peores resultados que los integrantes del otro grupo.

Así se confirma la hipótesis de que una siesta es reparadora para la mente y permite descongestionarla para almacenar más información a continuación. Además ha servido para constatar otra de las principales hipótesis relacionadas con el sueño, como es que permanecer muchas horas despierto provoca que la mente funcione con lentitud, ya que se paralizan paulatinamente algunas partes del cerebro. De hecho, pasar la noche en vela antes de un examen, por ejemplo, puede hacer descender hasta un 40% la capacidad para realizar nuevas actividades.

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